24 ene 2010

El respeto nos da respeto. La intolerancia nos lo quita.

Antes que nada, me gustaría comenzar con una cita:

"La Constitución da, en efecto, el medio sencillo de encontrar siempre un hombre competente para poner al frente de la Confederación. Ese medio no consiste únicamente en elegirle libremente, aunque esa libertad sea el primer resorte de una buena elección; consiste mayormente en que una vez elegido, sea quien fuera el agraciado a quien el voto del país coloque en la silla difícil de la presidencia, se le debe respetar con la obstinación ciega de la honradez, no como hombre, sino como a la persona pública del Presidente de la Nación. No hay pretexto que disculpe una inconsecuencia del país a los ojos de la probidad política. Cuanto menos digno de su puesto (no interviniendo crimen), mayor será el realce que tenga el respeto del país al jefe de su elección, como más noble es el padre que ama al hijo defectuoso, como es más hidalgo el hijo que no discute el mérito personal de su padre para pagarle el tributo del respeto.
Respetad de este modo al Presidente que una vez lo sea por vuestra elección, y con eso sólo seréis fuertes e invencibles contra todas las resistencias a la organización nacional; porque el respeto al Presidente no es más que el respeto a la Constitución, en virtud de la cual ha sido electo: es el respeto a la disciplina y a la subordinación, que, en lo político como en lo militar, son la llave de la fuerza y de la victoria.
El respeto a la autoridad, sobre todo, es el respeto del país a sus propios actos, a su propio compromiso, a su propia dignidad.
Una simple cosa distingue a la ciudad de Londres de una soldería en La Pampa, y es el respeto que la primera tiene a su gobierno, y el desprecio cínico que la horda tiene por su jefe.
Esto es lo que no comprende América, que ha vivido cuarenta años sin salir de su revolución contra España; yeso sólo la hace objeto del desprecio del mundo, que la ve sumida en revoluciones vilipendiosas y verdaderamente salvajes.
Mientras que haya hombres que hagan título de vanidad de llamarse hombres de revolución; en tanto que se conserve estúpidamente la creencia, que fue cierta en 1810, de que la sana política y la revolución son cosas equivalentes; en tanto que haya publicistas que se precien de saber voltear ministros a cañonazos; mientras se crea sinceramente que un conspirador es menos despreciable que un ladrón, pierde la América española toda la esperanza a merecer el respeto del mundo.
"

Largo pero valioso, esa cita a "Las bases" de Alberdi dice mucho, a mi entender. Aplicándolo hoy a nuestra situación nos hace responsables de nuestra elección como primer punto. Eleva la figura del Presidente a un rango merecido, al de nuestro representante, elegido por todos nosotros. Últimamente escucho muchos comentarios y opiniones sobre la destitución compulsiva o la renuncia voluntaria del actual Presidente sería lo que mejor le podría pasar al país. Pienso lo contrario. Nuestra Nación es, dentro de todo, jóven. Debemos aprender muchas cosas. Tenemos el ejemplo de los Estados Unidos. En su historia jamás fue destituído un Presidente. Hay casos en su historia como Kennedy o Nixon, pero no fue la voluntad popular la que marcó la historia de esos Presidentes. El respeto hacia todos ellos se prolonga aún después de su mandato. Ni mencionar que jamás hubo una interrupción constitucional. ¿Por qué? Porque el pueblo norteamericano ama sus instituciones, ama su patria y plasma ese amor respetando a sus instituciones. Nosotros generalmente creemos que amar a la patria es ser intolerante y desestabilizador. Uno puede criticar vehementemente la política internacional de Estados Unidos, soy uno de ellos, pero también reconozco muchas virtudes en ellos.
De aqui surge una cuestión, ¿hasta cuando se debe respetar a un Presidente? Todo tiene su límite, la tolerancia también. Para responder acudamos a la Constitución, madre de todas nuestras dudas y sus respuestas. El art. 90 CN nos dice: "El Presidente y vice Presidente duran en sus funciones el término de cuatro años y podrán ser reelegidos o sucederse recíprocamente por un solo período consecutivo". A su vez, el art. 88 CN dice: "En caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del Presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vice Presidente de la Nación." Aquí menciona la destitución, esto nos lleva al art. 53 CN: "Sólo ella (Cámara de Diputados) ejerce el derecho de acusar ante el Senado al Presidente... en las causas de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes...". El delito en ejercicio de sus funciones y los crímenes comunes son parte del derecho positivo y se los encuentra en el Código Penal. Pero "mal desempeño" es un término vago, que queda al libre arbitrio, en este caso, de los Diputados. Hasta hoy no he leído ninguna opinión autorizada que nos limite su concepto, pero creo no errar demasiado si digo que el "mal desempeño" lo vamos a encontrar en la raiz de nuestra sociedad, de nuestra jóven sociedad. Me parece que la Constitución no erró cuando apostó por un concepto vago, ya que la sociedad de ayer no es la misma que la de hoy, y no será la misma que la del mañana. El "mal desempeño" será el que la ciudadanía toda acuerde y se plasme a través de un Diputado, elegido en representación nacional, de la misma manera que se elige un Presidente. Tenemos las herramientas para elegir y destituir con respeto. No lo echemos a perder, la Constitución es nuestra madre y el respeto hacia ella, sus latidos.

Saludos

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